DANIEL CARILLO. Batik. Estado Mérida. Venezuela.

Mi nombre completo es Daniel José Carrillo Monsalve. Nací en Caracas el 01 de septiembre del año 1963 y en esta gran ciudad crecí, estudié y disfruté una vida consagrada por las ciencias y las artes.






No obstante, dado que mi madre y padre eran oriundos de Mérida (Tabay) y Táchira (Ureña) respectivamente, a estas tierras andinas me entregué desde niño, especialmente a Mérida, recorriendo los senderos de naranjales, moras, fresas y eternas flores de navidad, así como sus helados ríos, lagunas y su sierra nevada, hasta el día de hoy en que felizmente soy un habitante del pueblo de Tabay.



Soy egresado en la licenciatura en Biología de la Universidad Central de Venezuela y recíprocamente, mi espíritu se ha pronunciado desde la infancia cantando en el regocijo de mis padres, hermanas(os) y amigas(os); tocando el cuatro y la mandolina; bailando lo tradicional popular; disfrutando la teatralidad; dibujando la naturaleza; mirando la pantalla grande y escribiendo narrativa y poesía.













En ese camino de luces, los loros me cautivaron en Macanao y la laguna de la Restinga, las tortugas marinas en isla de Aves y Cipara (Sucre), las aves más hermosas en Imataca (Bolívar), las chenchenas en los llanos y toda una retahíla de flora y fauna en gran parte de Venezuela. La fortuna me acompañaba siempre con la presencia de dignas mujeres, todas ellas valientes, todas ellas hermosas investigadoras, conservacionistas, educadoras y artistas. Hablando de fortuna y mujeres dignas, fue en Mérida donde conocí a Valeria Cozzi, mi maestra de Batik, quien me sorprendió desde un principio con su técnica impecable, me cautivó con sus diseños mágicos y me motivó siempre para crear y producir. Hoy en día ya tengo catorce años desarrollando la técnica, plasmando en mis diseños, principalmente, el acervo natural que conocí en los bosques, las costas, los llanos y a las mujeres que siempre me acompañaron en mi trabajo de campo. Crear y concebir un batik es dar un paseo por los tejidos de algodón y con suerte seda,  para dibujar los diseños y satisfacer nuestra apreciación visual al final de la jornada; es jugar con tintes industriales (químicos granulados, anilinas) y naturales (café, jugos de frutas, pigmentos florales) y sumergir las telas en ellos para obtener las combinaciones de colores más originales o de nuestra preferencia; es cubrir y preservar en la tela un amarillo, un naranja o el color de nuestra conveniencia, utilizando la cera derretida y muy caliente; es manejar con destreza el pincel o el tjanting (instrumento de metal de origen indonesio parecido a una cucharilla con boquilla profunda) para delinear y rellenar los diseños en la tela con la cera caliente; es arropar la tela con papel periódico y planchar repetidas veces para quitar con alegría la cera de la tela y llevarnos la mejor sorpresa; es ser testigos de que los batik al trasluz tienen una magnífica 






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